English classes

Era las 8 de la tarde y como siempre yo había llegado puntual a la clase, pero mi profesora no. No me gustaba que me hiciera esperar porque después de salir de la universidad solo me apetecía relajarme un poco y aunque pareciera raro en las clases de inglés lo conseguía. Patri era simpática y daba gusto poder hablar con alguien de cualquier tema. El otro día nos pasamos toda la hora comentando Eurovisión, eso sí, hablando en inglés.

Diez minutos más tarde vi cómo se acercaba su coche rojo y entraba en el garaje. Me levanté del bordillo donde estaba sentado, y me coloqué la mochila a la espalda.

          Hola Joan, siento llegar tarde, pero es que otra vez Víctor no pudo ir a recoger a los niños de baile y los tuve que llevar yo a casa de su madre.

          No te preocupes si acabo de llegar. – Mentí. Por alguna razón no quería que se sintiera mal.

          Vamos dentro. – Me dijo abriendo la puerta del portal.

Nos quitamos las chaquetas y mientras ella bebía un vaso de agua me senté en la silla de la cocina. Ella nada más acabar el vaso hizo lo mismo y acto seguido empezó a hablarme en inglés. Era como un resorte, se metía en modo profesora de inglés y no había quien la sacase hasta que la clase terminase. Recuerdo que el mes pasado la llamaron al móvil y al descolgar habló en inglés. Yo me empecé a reír pensando que no se había dado cuenta y que era un lapsus, pero no, siguió hablando en inglés con la empresa de telefonía. Al colgar me dijo que ella pase lo que pase habla inglés durante la hora de clase.

Estuvimos hablando de las clases de baile de sus hijos, pero rápidamente dirigió el tema a su marido. Me contó cómo casi no le veía y que para un favor que le pedía que era recoger a sus hijos de baile ni siquiera lo hacía. Yo la verdad que no quise seguir mucho con el tema porque me parecía un poco violento que me contase esas cosas a mí. En ese momento me di cuenta de que realmente era mi mejor amiga, con el resto de mis amigos hablaba de clase, de chicas o de cosas transcendentales sin embargo nunca de nada personal.

Una hora más tarde la clase de conversación ya había acabado así que nos levantamos y recogí mi chaqueta para irme. En ese momento le llamó Víctor y le dijo que no iría a cenar y que tampoco podría ir a recoger a los niños a casa de su madre. Al final acordaron que esa noche los niños dormiría en casa de su abuela y ella los llevaría al día siguiente a la escuela. Patri enfadada colgó el teléfono y me dijo:

          ¿Te apetece quedarte a cenar?

No me esperaba nada el ofrecimiento.

          No, gracias, tengo que irme.

          ¿Seguro? Tengo lasaña para cenar… Además, no me apetece estar sola, no hay cosa que más odie que pasar las horas sola.

          Venga va, me quedo. – Dije sonriendo.

Cenamos lasaña acompañada con una ensalada y un poco de vino. No me daba mucho más el vino, pero por no hacerle un feo me lo bebía. Al terminar nos pusimos a ver videos de risa y sin darme cuenta ella se me acercó y me plantó un beso. No supe cómo reaccionar así que me quedé parado mirando para ella… ella volvió a acercárseme y me besó de nuevo. Esta vez sí que le respondí y entré en el juego. No sé si sería porque no estaba acostumbrado al vino o no, pero esa noche la pasamos los dos juntos y fue una de las mejores noches de mi vida.

Sonó el despertador y tardé un poco en ubicarme, pero enseguida me di cuenta de donde estaba. ¿Y si llegaba su marido y nos pillaba a los dos en la cama? Me levanté rápido y me empecé a vestir.

          ¿Qué haces? Vaya ánimos por la mañana…

          Es que me tengo que ir, además no quiero que nos pillen.

          ¿Quién Víctor? – ¿Quién iba a ser, no había más personajes en la historia?

          Sí, claro.

          ¿Por qué? Así se daría cuenta de lo que se está perdiendo.

          Bueno… mejor me marcho… tengo que pasar por casa para cambiarme.

          Como quieras…

Recogí todas mis cosas y ya estaba en la puerta cuando se empezó a escuchar un ruido a través de ella. Se escuchaban llaves… Seguro que era Víctor. ¿Y ahora que hacía? ¿Me escondía detrás del sofá como en las películas? ¿Me metía en un armario? Me quedé paralizado pensando que hacer con tantas opciones y ninguna buena así que seguí ahí pasmado sin moverme. La puerta se abrió y Víctor entró. Al verme se sorprendió, no me esperaba ahí.

          Hola, ¿y tú quién eres?

          Joan Capdevilla, soy alumno de Patri.

          Ahhh cada vez la gente da clases a horas más raras. Vaya madrugón.

No me atrevía a decirle que mis clases eran por la noche y qué la razón por la que estaba en su casa no era porque fuese a tomar clases, sino que era porque me había acostado con su mujer y me estaba yendo a mi casa para cambiarme antes de ir a la universidad.

          Hola, Víctor. – Dijo de repente Patri.

Estaba apoyada en la pared solamente con ropa interior.

          Ehhh ¿y esto?

          Tú que crees… como nunca estás en casa tendré que saciar mis necesidades con otros ¿no?

Estaba temblando de los nervios, un sudor frío recorría mi cara. Hubo un silencio incómodo, solamente se oía el tic tac del reloj. Debió de pasar un minuto, pero a mí me parecieron horas.

          Bueno… ¿no dices nada? – Soltó Patri.

          ¿Qué quieres que te diga? Si así estás contenta pues haz lo que quieras… me voy a la ducha. Eso sí, por favor, vístete que vas a coger frío y luego les pegarás el catarro a los niños.

No me lo podía creer, le daba igual. Vaya situación tan rara…

          Bueno… Joan te ibas ya ¿no? Te veo esta tarde.

          Sí sí, adiós.

Ese día en clase no pude ni atender a las clases ni siquiera hablar en los descansos. Estaba todavía en shock. Si al marido le daba igual, ¿sería buena idea seguir con ella? La verdad que me gustaba mucho y me apetecía, pero claro… meterme en una relación de pareja…

Ya eran las 8 cuando llegué a su casa. Llamé al timbre como hago siempre y esta vez sí que me abrió.

          Hello Joan. – Ya empezaba con el inglés…

          Hello…

Entré dentro y como siempre dejé mis cosas en el sofá.

          ¿Podemos hablar un minuto de lo de ayer por favor? – dije armándome de valor.

          Hablo poco españolo. – Me contestó con acento inglés. Encima con guasa.

          Por favor…

          Vale… ¿Qué pasa? Es raro, lo sé, pero resulta que el año pasado lo pillé con un chico en la cama y me confesó que era gay. Me enfadé mucho y estuvimos a punto de divorciarnos, pero luego pensamos que lo mejor para los niños era estar juntos por lo menos en la misma casa. Él se podría acostar con quien quisiera y yo también… La verdad ahora no pasamos mucho tiempo juntos, pero es que antes tampoco.

          Entonces, ¿le da igual?

          Si

          Ahhh pues vale…

La agarré por la muñeca para acercarla y la besé. No sabía si duraría o no pero… ¿y eso quien lo sabe?

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El hallazgo

          Vamos, Diego, Carlota, ¡tonto el ultimo!

          ¡Jooooo, esperadme! – Dije con desesperación.

Nunca me esperaban, siempre hacían trampas y salían antes que yo y claro siempre ganaba Paula o Diego. Corrí lo más rápido que pude, pero no fue suficiente y cuando me quise dar cuenta los había perdido por el bosque. Otra vez, siempre igual.

          ¿Dónde estáis? …- Nada, nadie contestaba.

Empecé a asustarme, no me gustaba ese bosque. Lo conocía muy bien, era el bosque que estaba en frente de la casa de verano. Desde hacía 4 años siempre íbamos a veranear todos los primos juntos, pero aun así había algo en ese bosque que me daba mala espina. Mis primos no aparecían, seguramente se habían escondido en una de las cuevas o en el río. Estaba cerca de una de las cuevas así que me dirigí hacía ella.

          No tiene gracia, ¡Salid ya! – Ya me estaba enfadando. Por ser la pequeña siempre me hacían lo mismo. Estaba harta…

Cuando llegué a la cueva no había nadie, o eso me pareció hasta que de repente sonó un grito que retumbó por todo el bosque. Me había parecido que era mi prima Paula la que había gritado y que había venido desde el interior de la cueva. Así que fui cautelosamente hacía el interior. Solo había entrado una vez hacía un par de años, pero estaba lleno de arañas y me daban asco así que no volví a entrar hasta hoy.

          ¿Qué pasa? ¿Por qué gritaste? – Dije mientras estaba recorriendo los últimos metros de la cueva.

          Carlota, por fin llegas- Mira lo que acaba de encontrar Paula- Dijo Diego mientras escarbaba en el suelo.

Lo que habían encontrado parecía un recipiente, era como un vaso, pero estaba lleno de barro y arena.

          ¿Tanto jaleo por una copa? Ni que hubieras encontrado un muerto…- De repente Paula empezó a llorar y salió corriendo de la cueva.

          ¿Qué pasa? – Pregunté a Diego totalmente intrigada. Paula era la valiente del grupo, siempre quería jugar a buscar tesoros y ¿ahora salía corriendo por un vaso? No tiene sentido, algo estaba pasando que yo todavía no sabía.

          Pues ¿no lo ves?… ¿Estás tonta? Es una mano lo que está sujetando el vaso.

          ¡AAAAAAAAAAAAh! Pero…

          Vete a por ella anda…

          Vale, vale. Vengo ahora mismo.

Volví a recorrerme la cueva, pero esta vez en sentido contrario. Encontré a Paula en la salida. Estaba mirando al suelo agachada.

          Paula, vuelve adentro anda. No había visto la mano, lo siento. Vamos que no pasa nada de nada. Piensa que si hay una mano agarrando el vaso ese puede que sea porque es un antiguo tesoro.

          ¿Tú crees? – dijo Paula abriendo los ojos y mirándome con intriga.

          Claro… vamos.

Al llegar Diego nos enseñó lo que había descubierto al echar agua al vaso para limpiarlo. El vaso tenía algo tallado. Se podía notar al pasar los dedos por encima, aunque estaba desgastado.

          Igual es un tesoro de los Vikingos…

          Diego… aquí no creo que hubiese Vikingos. Ves demasiadas series jajaja – Todos nos reímos. Por fin había hecho que Paula se riese y se relajase un poco.

          ¿Y ahora qué hacemos? ¿Igual la mano esa es de una persona que fue asesinada y nosotros vamos y alteramos las pruebas? – Otra que veía demasiadas series.

          Podría ser, pero claro… ¿y el resto del cuerpo? – Sinceramente me daba igual si era un poco exagerado o no, pero nos lo pasábamos bien siempre creando historias e inventando películas.

          Lo que tenemos que hacer es buscar el resto del cuerpo. – Dijo Paula ya emocionada.

Todos nos pusimos a buscar, pero pasados 20 minutos nos estábamos empezando a aburrir y a cansarnos. Además, se nos estaba acabando la batería del móvil. La próxima vez hay que traer una linterna con pilas para no tener que utilizar las de nuestros teléfonos.

          Oye, ¿nos vamos a casa? Es que me aburro… – Dije esperando que el resto pensaran lo mismo.

          Si, venga vámonos.

Nos dirigimos los 3 a la salida. Íbamos hablando tranquilamente así que no me di cuenta de que ponía la mano en la pared y sentí como rompía una tela de araña.

          Agggg que asco. – Dije alumbrándome la mano.

Al apuntarme a la mano, la luz también bañó parte de la pared y entonces todos lo vimos. Era el resto del cuerpo que estábamos buscando. Estaba como incrustado en la pared. Era todo huesos y había un montón de telas de arañas.

Nadie dijo nada, ni siquiera nos movimos. Estábamos todos a cuadros. Justo en ese momento le llegó a Diego un mensaje al móvil. Era su madre diciéndole que fuera a casa. Ese mensaje nos hizo despertar y los tres nos fuimos de allí sin decir nada. Ni siquiera hablamos en el camino de vuelta sobre el tema. Solamente nos despedimos y nada más.

Cuando llegué a casa mi padre me preguntó por cómo me había ido el día así que se lo conté. Al principio no me creía, pero me sentía tan mal y lo había pasado tan mal que empecé a llorar. Mis padres se empezaron a preocupar y llamaron a los padres de Diego y Paula para ver qué había pasado. Sus padres dijeron lo mismo y decidieron ir al día siguiente a mirar lo que había en la cueva.

Esa noche no pegué ojo así que cuando mi madre me despertó por la mañana sentí alivio, aunque fuera demasiado pronto como para levantarse un sábado.

Mis amigos y yo dirigimos a nuestros padres hasta la cueva y les ensañamos todo lo que había. Según la madre de Diego que era geóloga había habido un desprendimiento de tierra en la cueva lo que había hecho que el cuerpo saliese a la superficie. Llamaron a la policía y nada más llegar nos sacaron a todos de allí diciendo que nos fuésemos a casa y que intentásemos volver a la realidad.

A la semana o así la policía nos reunió a todos en la comisaría para hablarnos de lo que habían descubierto, así que allí estaban mis amigos con sus padres, mis padres y yo.

          Buenos días a todos, os he reunido para contaros lo que hemos descubierto. Los expertos han estado analizando los restos y resulta que el cuerpo es de una persona de hace mucho tiempo. Todavía no lo han datado exactamente, no obstante, lo que está claro que es de hace muchos siglos. Gracias a estos chicos se ha ampliado la investigación y ya han aparecido más restos así que hemos propuesto al alcalde que se os reconozca el mérito en un acto público. – Diego, Paula y yo nos pusimos muy contentos.

          Genial. Me alegro mucho.

          Se lo merecen.

Lo que había empezado con un susto y que había derivado a un juego de ingenio había hecho que gracias a la suerte todo el pueblo asistiese a nuestra ceremonia de reconocimiento. Está claro que al menos ya tendríamos algo que contar, aunque pasasen los años.

Regalo sorpresa

Eran las 5 de la mañana, pero no había pegado ojo. ¿Cómo no me habría dado cuenta antes? Seguramente por el estrés que tenía para entregar a tiempo el Trabajo Fin de Grado. Al principio lo había cogido con ganas, pero ahora viendo lo que había trabajado y lo que había conseguido no estaba contenta. Trabajé duramente durante mucho tiempo en la búsqueda de información y al final no había sacado nada en claro. No podía más, los nervios podían conmigo así que me levanté al baño y a mirar por la ventana a ver si me entraba el sueño. A la media hora o así me acosté de nuevo y por fin caí derrotada.

A la mañana siguiente pasé por la farmacia antes de ir a la universidad para comprar un test de embarazo. Sinceramente nunca me había fijado en ellos. Había tantos donde escoger… Compré uno de cada y los guardé en la mochila. Había ido una hora antes a la universidad para poder hacerme los tests tranquilamente. En cuento llegué entré al baño y realicé los tests. La espera fue angustiosa pero cuando vi el resultado fue aún peor. ¡Estaba embarazada! ¿Cómo se lo diría a mis padres? ¿Qué pensaría Jon de todo esto?

Ya era la hora de ir a clase así que salí del baño y me dirigí a la sala que me tocaba. Allí estaba Mónica y Teresa. En cuanto me vieron me preguntaron si me pasaba algo, pero la clase ya iba a empezar así que les dije que se lo contaría luego.

Una hora después terminó la clase. Sinceramente no se para que fui porque no atendí nada, ni siquiera sé de lo que estuvo hablando el profesor.

          Venga, cuéntanos que te pasa- dijo Mónica con tono intrigante y con una sonrisita en la cara.

          Vale… pues bueno… resulta que estoy embarazada. – dije bajando la cabeza. Se quedaron calladas, supongo que no sabrían que decirme.

          ¡Qué fuerte tía! – se atrevió a decir por fin Teresa.

          ¿Estás segura? ¿Te has hecho el test?

          Si… esta mañana antes de la clase.

          Ósea que tus padres no saben nada todavía. ¿Se lo dirás esta tarde? – Mónica conocía todo sobre mi vida, siempre había confiado en ella y le contaba todo. Ella se preocupaba por mí.

          Si, supongo.

          ¿Y de quién es? – Teresa no podía evitarlo. Siempre sacando su lado más cotilla.

          De Jon. ¿De quién sino?

          Se lo tienes que contar.

          Ya, ya… Voy a llamarle a ver qué me dice, pero antes quiero que lo sepan mis padres. Les va a dar algo cuando se enteren.

          Entonces, ¿vas a tenerlo y a criarlo? – Preguntó Teresa cautelosa.

          Si… siempre me han gustado los niños y ya sé que es mucha responsabilidad, pero es mi hijo. Hubiera sido mejor que fuera más adelante, pero mira… no se… me veo capacitada para hacerlo. ¿Qué pensáis?

          Hombre, eso es cosa tuya.

          Sí, es tu decisión.

Ya entraba por lo puerta el siguiente profesor. Así que nos callamos y atendimos. Horas más tarde, cuando ya no teníamos más clases nos fuimos a comer a nuestras casas.

 

Entré por la puerta y me saludaron.

          ¿Qué te pasa? ¿Estás pálida? – Dijo mi hermana mirando el móvil.

          Ahora te cuento, ven a la cocina.

Allí estaban mis padres. Dejé la mochila en el suelo y me senté. Quería hablar, pero no me salían las palabras.

          Rosa tiene algo que contarnos. – Me ayudó Cris. Siempre me echaba una mano con estas cosas y eso que tendría que ser al revés. Al fin y al cabo, yo era la mayor.

          Emmm estoy embarazada. – Dije posando la cabeza en la mesa y cerrando los ojos.

          No me lo puedo creer. ¿Tú también?

          ¿Yo también? – Algo se me escaba…

          Sí, íbamos a decíroslo cuando fuese al médico pero bueno… Vais a tener un hermanito.

Cris y yo nos miramos y sonreímos. Me había imaginado muchos escenarios, pero ninguno con esa respuesta.

          Bueno, pues ya que estamos quería deciros que bueno… estaba pensando en tener un hijo, ¿qué os parece? – Cristina y su humor.

          Hija, por favor. No es momento para bromas. ¿Y ahora qué hacemos con dos bebes en casa? Yo que pensaba que mi vida iba a ser más tranquila ahora que las dos ya erais mayores… – Dijo mi padre algo angustiado.

          Acabo ahora la carrera, así que me pondré a trabajar para ganar algo de dinero y bueno, supongo que Jon también participará.

          ¿Jon? – preguntó mi padre. Claro… no les había hablado de él. Seguramente ellos pensaban que era de Luis. No les había dicho que habíamos roto hacía meses. Siempre les había gustado y no quería decepcionarlos.

          Sí… es el padre. Vino de viaje de estudios aquí y le conocí en un bar. Es de Bilbao.

          ¿Luis lo sabe?

          No lo sé… lo dejamos hace un par de meses.

          Ahh vale.

          Chicas, tengo que comer, yo me tengo que marchar al trabajo.

          Sí sí, comemos. Tenemos 9 meses para hablar de ello. – dijo Cristina riéndose. Intentaba no reírse, pero al ver que el resto también nos empezamos a reír ya no lo soportó y se rio a carcajadas.

Estaba emocionada. Al final no había ido tan mal. Era como si me hubiera quitado un gran peso de encima.

          Oye, ¿qué te parece si vamos juntas al médico? – me preguntó mi madre. Sabía que no le había hecho gracia la idea de que tuviera un hijo tan joven, pero en el fondo le hacía ilusión pasar por el embarazo las dos juntas.

          Perfecto.

Los días pasaron y ya todo iba rodado. Jon había flipado un poco al principio, pero quería a ese niño y me apoyaba en todo. Parecíamos la familia Alcantara. Mis padres, mi hermana, Mónica, Teresa, Jon y sus padres, todos en la sala de espera. Jon y sus padres habían aprovechado las vacaciones para venir a vernos (y en el caso de sus padres a conocernos).

Al poco tiempo me llamaron y entré con Jon. Cuando salí llamaron a mi madre.

          ¿Qué tal? – preguntó Cris.

          Bien. Tenemos una noticia importante, pero quería esperar a que estuvieran mis padres.

          No te preocupes, esperamos- dijo el padre de Jon. Me había caído muy bien y se que a él también le había gustado.

Al poco salieron mis padres sonrientes, pero a la vez algo nerviosos. Se sentaron con nosotros nada más llegar y mamá dijo:

          Son gemelos.

          ¡¿Quéééééée?! – Solté medio gritando. Todas las personas de la sala se quedaron mirando para mí.

          Pues resulta que nosotros también vamos a tener dos. Mellizos en nuestro caso – Confesó Jon.

Todos nos miramos y nos empezamos a reír. Ni que fuera una película. Nos reímos tanto que nos entró un ataque de risa y no podíamos parar. Al poco vino un guardia y nos invitó amablemente a salir del hospital.

Madre mía, pobres. Mi padre que pensaba que su vida ahora sería más tranquila e iba a ser todo lo contrario. Ahora los gemelos y mis hijos… En un año pasaríamos de ser 4 personas en casa a ser 8, sin contar a Jon y a su familia. ¿Cómo acabaría la cosa? Nadie lo sabía y casi que mejor.

Antiguos alumnos

Era como un domingo cualquiera salvo porque hoy volvería a ver a muchos de mis compañeros de la universidad. Hoy se hacía la reunión de antiguos alumnos del San Gregorio, por lo que ahí estaba yo intentando decidir que ropa ponerme. No quería ir informal porque en la universidad no es que fuera de las más populares y quería que se sorprendiesen al verme, pero tampoco quería ir demasiado vestida. Ya iba siendo la hora así que me puse una camisa de flores verde y unos vaqueros oscuros que me vestían más que unos claros. Eso sí, me puse tacones… seguro que eso les chocaría.

Llegué puntual al edificio de la universidad donde se iba a hacer el coctel. Al entrar me sorprendió lo cambiado que estaba el lugar… seguramente habían hecho reformas. En cuanto llegué se me empezó a acercar mucha gente. Todos quería saber que tal me había ido mi vida… Sin darme cuenta había estado hablando con todos ellos durante horas, ya se estaba marchando gente de la fiesta. En esas horas se había hablado de un montón de cosas, pero lo que más me sorprendió fue que Luís, el ermitaño que no salía nunca con los amigos, ahora tenía 3 hijos y trabajaba en una empresa de Chile. No hacía más que sudar, el pobre debía de estar nervioso. Rosa la juerguista se había dedicado a la enseñanza y de vez en cuando daba alguna charla en congresos. En cambio, María no trabajaba en nada relacionado con la biología, sino que ahora cantaba en una orquesta.

Estaba contando mi último viaje a Australia cuando se oyó un fuerte estruendo. Mónica estaba en el suelo tirada al lado de la mesa de comida. Fuimos a ver que le pasaba, pero no se movía y tenía espuma en la boca. Llamamos rápidamente a la ambulancia y 15 minutos más tarde llegó para certificar su fallecimiento. Nadie se lo podía creer. Mónica había muerto en la reunión de antiguos alumnos. La policía empezó a preguntar a los asistentes hablando con los que habían conversado con ella. Preguntaban por si alguien sabía si tenía alguna enfermedad o si tenía problemas, pero claro, esas cosas no se cuentan a gente a la que quieres de alguna manera sorprender o demostrar que tienes una vida envidiable.

Había que esperar al forense para el levantamiento del cadáver, pero al menos ya la habían tapado con una sábana. Tenía dos hijos o eso al menos era lo que había comentado. Estábamos todos consternados todos muy nerviosos y temblando. De repente, Luís se desplomó. Los paramédicos vinieron corriendo, pero murió al momento. Esto ya era demasiado. Nos asustamos un montón y el policía nos puso en cuarentena hasta que descubriesen que había pasado. Por lo visto parecía que algo había sido suministrado a las víctimas así que nos sacarían sangre a todos para enviarla a analizar. Mientras estábamos en la cola llamaron al inspector al teléfono. Había habido un accidente y Julieta había fallecido de camino a casa. Julieta había estado en la fiesta, pero se había marchado 1 hora antes de la muerte de Mónica.

Al rato el inspector me mandó entrar en una sala para interrogarme. La sala en la que entramos me trajo muchos recuerdos. Allí había pasado mi primer curso, algo hizo que me estremeciera.

          Buenas, ¿Qué me puedes contar de Mónica? – Dijo cogiendo el boli para apuntar.

          Pues, la verdad no hablé con ella en la fiesta porque no era de mi círculo de amigos. No por nada sino porque era un año mayor que yo y no había coincidido nunca. – Estar en esa sala y ver como el inspector apuntaba mi respuesta hacía que me sintiese en un examen.

          ¿Y en cuanto a Luís?

          Luís sí que era de mi pandilla- Dije angustiada- Me estuvo contando su vida, me enseño una foto de sus hijos y de cómo vivía ahora en Chile.

Me estuvo interrogando un buen rato. Después de mí entró en la sala Jonás. Casi no le reconocía, había cambiado un montón. Ahora ya no tenía esa cara de niño malo, sino que tenía barbita ya con muchas canas. Quien lo iba a decir, el capitán del equipo de Rugby era ahora el que parecía más viejo. Media hora después el inspector y él salieron por la puerta. Jonás estaba esposado y el inspector lo llevaba agarrado del brazo. ¿Qué había pasado? ¿Qué había hecho Jonás? ¿Habría asesinado él a las 3 víctimas?

Todos nos pusimos más nerviosos si es que era posible. A Jonás le metieron en el coche de policía que estaba fuera y se lo llevaron. El inspector volvió y le dijo a una de las personas que estaban vestidas con el mono blanco que cogiese muestras de la fuente del ponche.

          Hola a todos- Dijo el inspector poniéndose en el centro de la sala. – Hemos detenido a Jonás García ya que ha confesado. Nos ha comentado que ha echado veneno en el ponche.

          Pero yo he bebido ponche y estoy bien. – Dijo rápidamente Sofía y todos empezamos a asentir con la cabeza.

          Lo sé, lo sé. Nos ha dicho que lo echó en el hielo. Muchos de vosotros habéis bebido ponche, pero ha sido antes de que el hielo se derritiese o al menos no en la cantidad necesaria para que os hiciera efecto. Julieta fue la primera que tuvo una cantidad suficiente para que colapsara sus órganos vitales. No obstante, tomó bastante veneno, pero no tan elevado como para provocarle una muerte tan rápida como a Mónica. Ella nada más beber el ponche falleció. A Luís le pasó algo parecido a Julieta tomó veneno, pero su muerte no fue tan directa ya que le tardó en hacer efecto al no ser suficiente la cantidad que tomó de la sustancia inoculada en el hielo.

Nadie decía nada… todos estábamos alucinando con ello. De repente Tomás cogió valor y preguntó lo que todos queríamos saber.

          ¿Pero por qué hizo esto?

          Nos ha comentado que lo ha hecho por venganza porque en la universidad era popular y tenía un montón de amigos, pero cuando acabaron las clases nadie quiso saber nada de él ni se interesaron por su vida. – Lo sé… no es motivo para matar a nadie. No os puedo contar más. Siento mucho lo de vuestros amigos y en cuento tenga los resultados del laboratorio podréis ir saliendo de la zona de cuarentena.

Vaya nochecita. La que empezó siendo una noche de fiesta acabó con 3 personas muertas y un asesino. No creo que vuelva a ninguna otra reunión de antiguos alumnos. ¡Vaya lío!

La Colina

Siempre me había gustado ir por esa colina, se podía ver todo el pueblo desde la cima sin que nadie te molestara como si de un bosque fantasma se tratase. Era mi lugar favorito, mi sitio para poder escapar de todos y poder dedicar tiempo a mis pensamientos que todas las noches me invadían y se apoderaban de mis sueños impidiéndome dormir como una chica de 17 años debería dormir. Había descubierto este sitio un día de los muchos que me había escapado de casa para no seguir soportando esos gritos.

Mi vida no había sido la misma desde que mi madre murió, ahora mi padre estaba enfadado todo el tiempo y no hacía más que discutir con mi hermano por cosas que no tenían sentido. Solo hacía 4 meses desde que sucedió el accidente con la escalera, pero a mí me parece que fue hace una eternidad.

Esos largos paseos por la colina me hacían recapacitar sobre lo que quería hacer en el futuro. ¿Quería quedarme en ese pueblo para siempre? Desde luego era lo que se esperaba de mí, acabar el colegio y ponerme a trabajar a tiempo completo en la panadería de la familia. Pero yo no me veía haciendo pan el resto de mi vida, yo quería viajar, tener amigos, y dedicarme a algo que me gustase. Pero claro, después de lo de mi madre, ¿cómo podía dejar solos a mi padre y a mi hermano con la panadería? Sin duda el día en el que murió mi madre también se acabaron mis opciones para poder salir de ese pueblo.

El pueblo en el que vivo es un pueblo en el que nunca pasa nada, siempre lo mismo, por la mañana voy al aburrido colegio, después a preparar la aburrida comida, y por la tarde a trabajar en la aburrida panadería con la misma gente y las mismas conversaciones de siempre: el tiempo, enfermedades o hacer comentarios chismosos sobre otras personas del pueblo. Por eso, si alguien me hubiera dicho que ese día iba a pasar lo que ocurrió jamás me lo hubiera creído.

Todo parecía indicar que ese día iba a ser un día normal. Después de 5 largas horas en la panadería por fin había acabado el día y ya me podía ir a casa a descansar. Bueno, eso era lo que me hubiera gustado, pero para no romper con la rutina que me había invadido la vida desde hacía 4 meses, mi padre y mi hermano estaban discutiendo. Así que cogí la mochila que tenía preparada encima del escritorio y bajé sigilosamente por la ventana corriendo lo más rápido que pude hacia mi lugar, hacia la colina.

¿Cómo podría hacer para que mi familia se llevara bien de nuevo? ¿Qué los había distanciado tanto? Estas eran algunas de las preguntas que estaba intentando responder cuando lo vi, vi ese bulto. Primero pensé que era un animal tirado en el suelo. Habíamos tenido problemas con cazadores hacía unas semanas y podría ser que estuvieran haciendo de las suyas. Sin embargo, cuanto más me acercaba al bulto menos me parecía un animal y más me parecía que ese día que había comenzado tan normal se iba transformar en un día interesante. Me agaché para poder ver de cerca el bulto y vi que era una bolsa. Al principio no lo vi, simplemente me entró la curiosidad sobre qué habría en esa bolsa, pero sobre todo quería saber quién la habría dejado ahí. Pero entonces me di cuenta de que estaba engancha a algo, estaba atada al árbol con una cuerda y un candado. ¿Qué era esa bolsa? No dudé ni un momento y me dirigí a coger la navaja de mi mochila. Desde que me encontré con un jabalí llevo una navaja en la mochila por si vuelve a ocurrir. Así que cogí la navaja y corté como pude la cuerda que mantenía atada la bolsa al árbol. Ya tenía la bolsa, ahora solo faltaba abrirla, pero eso iba ser más complicado. Después de más de media hora intentando abrir el candado con una horquilla me di por vencida. Definitivamente esa técnica solamente funciona en las películas. No me quedó más remedio que volver antes de lo que me hubiera gustado a casa, pero no sin antes meter la bolsa en la mochila.

Llegué a casa y escalé por el árbol que estaba al lado de mi habitación como tantas otras veces había hecho. ¿Cómo podría abrir el candado? Fui a la habitación de mi hermano y encontré un par de herramientas que podrían servir.

Abrí la mochila y para mi sorpresa solamente había un libro. ¿Qué era ese libro? ¿Por qué alguien había guardado un libro con candado en una bolsa? Tenía que saber que era ese libro así que me dispuse a leerlo como si se tratara de vida o muerte.

Ese montón de hojas era el borrador de un libro que todavía no estaba en el mercado. Trataba de un chico que vivía en un mundo muy lejano y se tenía que buscar la vida después de que su familia muriera en un accidente cuando se dirigían a otro planeta. Para sobrevivir el chico creó una tienda online donde vendía pulseras y collares que el mismo diseñaba. Así él recibía los encargos por internet y él chico enviaba por correo intermundial los pedidos.

Por suerte, en la contraportada había un nombre, así que supe enseguida el nombre de la autora del libro. La busqué por internet y encontré un número de teléfono para poder llamarla:

– Hola, acabo de encontrar tu libro en el bosque- La sutiliza nunca había sido lo mío. Prefiero no andarme con rodeos.

– Buff… menos mal que lo encontraste. Lo dejé anteayer en el bosque porque me estaba persiguiendo un jabalí y no podía seguir cargando con la bolsa si quería sobrevivir. Así que no me quedó más remedio que dejarlo atado como pude en mitad del bosque. Ayer por la mañana volví a buscarlo y no me acordé donde lo había dejado.

– Yo me lo encontré atado en mitad del bosque y quise saber de qué se trataba. Menos mal que pusiste el nombre en el borrador del libro, sino no te hubiera encontrado. Por cierto, me leí tu libro, espero que no te moleste.

– No no, no te preocupes… Es lo de menos después de haberme salvado la vida. Es la única copia que tengo del borrador.

– Ok jaja, me gustó mucho, por cierto. Mañana si quieres quedamos y te lo devuelvo.

– Claro, muchas gracias de nuevo. Eres mi salvadora.

Mientras estaba hablando con la autora del libro se me ocurrió una idea. En el libro se describía como el protagonista crea un negocio en internet desde cero. ¿Por qué no utilizaba la idea de negocio del libro para la panadería? Así podría agregar el negocio de la panadería al mundo virtual dando visibilidad a la panadería por internet. De esta forma, podría ayudar desde cualquier lugar del mundo al negocio familiar y así vivir la vida que siempre había soñado. Nunca me hubiera imaginado que encontrar un simple libro en el bosque me cambiaría la vida, pero sin duda esa casualidad convirtió mi vida aburrida en una vida de lo más interesante.

Impacto Inminente

Sonaba la alarma en toda la ciudad. Hasta este momento no tenía ni idea de que era posible escuchar su sonido en todos los rincones. Algo había escuchado de unas farolas que emitían sonidos, pero por algún motivo esta información se había borrado como se borran las huellas de los caminos, sin darte cuenta.

Había hecho muchas veces este ejercicio cuando era pequeña. ¿Qué 5 objetos recogerías de tu casa si no fueras a volver? No obstante, no era tan fácil. Había tantas cosas que me quería llevar… Estaba perdiendo el tiempo, no hacía más que pensar en las cosas que iba a perder, pero no había más remedio y lo mejor que podía hacer ahora era centrarme y tratar de hacerlo lo más rápido posible, ya que guardar todos los objetos no serviría de nada si al final moría.

¡¡¡¡Quedan 2 horas para el impacto!!!!

Vale… tenía que irme ya… Subí corriendo al coche y conduje hasta el punto de encuentro que habíamos pactado mi marido y yo. Desde la lejanía vi a Luis tumbado en el suelo con los niños. En cuanto reconocieron el coche se pusieron de pie. Seguro que lo estuvieron pasando peor que yo…

Ya llevábamos 20 minutos los 5 montados en el coche cuando llegamos al atasco. Cientos de coches pitando e intentando salir de la ciudad. Iba a ser imposible, así que decidimos dar la vuelta. No sabíamos a donde ir, el tiempo pasaba y no teníamos un rumbo fijado. De repente a Luis se le encendió una bombilla y recordó que cuando era pequeño había ido de excursión a las cuevas Las Cucanas. No teníamos un lugar mejor así que nos dirigimos hacia las cuevas. Seguramente que se le había ocurrido a mucha otra gente y posiblemente ya estaba lleno o había caravana, pero teníamos que intentarlo.

Llegamos al final de la carretera. A partir de ahí había que seguir a pie. Cogimos todas las cosas y nos dirigimos a la entrada. No había nadie por el camino… Igual estaba equivocada y no se les había ocurrido ir allí. Eso era lo que pensaba hasta que vi un cartel con una calavera colgada en una valla que ponía: Precaución Residuos Peligrosos. No sabíamos que hacer… solamente faltaban unos 40 minutos para que se produjese el impacto. Era imposible volver al coche e ir a otro sitio sin que nos pillase la lluvia de meteoritos.

Por suerte la valla estaba rota por lo que pudimos pasar los 5 y seguimos caminando mirando donde pisábamos. Luis iba el primero, luego los niños y al final yo. Íbamos en fila y pisando las huellas de Luis. Igual era una tontería, pero ¿y si había ácido en el suelo?…

Mientras caminábamos pensaba en cómo había podido ocurrir algo así… Hoy en día ya existen un montón de herramientas o científicos que son capaces de predecir el camino de los meteoritos, sin embargo, nadie había pensado que los meteoritos pudiesen ser lanzados desde dentro de la Tierra como si fueran misiles. Me recordaban a las catapultas que nuestros antepasados utilizaban en las guerras.

Los niños empezaron a decir que se sentían mal y que estaban mareados. Teníamos que cogerlos en cuello, pero Luis llevaba las 3 bolsas con las cosas que había cogido de casa. Manolito empezó a vomitar… si seguíamos ahí seguramente acabaríamos muertos antes de que llegásemos a la boca de la cueva. Decidimos dejar en el suelo 2 de las bolsas, solamente cogimos la de los víveres, lo realmente necesario. Luis cogió al mayor que ya pesaba demasiado para mí y yo a los otros dos.

Yo ya no podía más, necesitaba descansar. Me encontraba tan mal… Luis me animaba y me decía que ahora no podíamos parar. Él seguro que se encontraba mal, se le notaba en la cara, estaba muy pálido, pero no decía nada. Los niños no se movían, estaban con los ojos abiertos, pero como si no estuvieran en ese sitio.

Se veía la cueva a lo lejos ya quedaba poco pero entonces me caí… no podía casi moverme. Me asusté mucho, intenté gritar, pero no podía hablar… Luis corrió hacia mí mientras decía mi nombre, pero yo no podía contestar. Me colocó sentada apoyada en un árbol y me dijo que llevaría a los niños a la cueva y que luego vendría a por mí. Posó la bolsa a mi lado y cogió a los dos más pequeños. Llevaba a nuestros 3 hijos como si fueran sacos de patatas apilados. Vi cómo se alejaban los 4.

El silencio del bosque se rompió con un fuerte estruendo. Seguramente ya había impactado algún meteorito, pero no podía verlo desde mi posición. De repente cayó uno como a 50 metros de donde estaba yo. Ya estaba ocurriendo… Cayeron 5 más que pudiese ver desde mi posición, pero el sonido de los impactos era casi continuo.

 Algo me tocó la espalda. Quise gritar y girarme, pero no pude. ¿Qué sería?… Entonces se puso delante y le reconocí. Era Luis que había vuelto a por mí. Me cogió en brazos y se puso a caminar… Respiraba lentamente y cada vez los brazos me apretaban menos. Se estaba quedando petrificado como nos había pasado a los niños y a mí. Yo no veía por donde íbamos, pero no debía de quedar mucho ya para llegar. Luis me soltó de repente, caí al suelo y todo se volvió negro.

Empecé a despertar… primero veía borroso, pero luego pude empezar a ver lo que estaba a mi alrededor. Estaba en la cueva. No se oía nada así que me puse nerviosa. ¿Dónde están mis hijos?, ¿Dónde está Luis?, ¿Cómo había llegado ahí? Me levanté y vi a mis hijos y a Luis tumbados a mi lado. Los intenté despertar y comenzaron a moverse. Al menos estábamos todos vivos.

Cuando por fin se despertaron Luis me dijo que él me había traído a la cueva, pero cuando estábamos dentro se quedó paralizado y cayó al suelo y yo también.

Salimos los 5 a ver si los meteoritos habían acabado de caer y para ver cómo estaba todo. Era espeluznante, había cientos de rocas por todo el bosque con un montón de árboles caídos. Me fijé en una forma, como una silueta, parecía una persona así que corrí hacia allí y saludé. Entonces fue cuando me miraste y me contestaste: Hola, ¿estás bien?

Un Historia De Película

Eran las 5 de la tarde y todavía estaba preparándome. Siempre llegaba tarde, no podía remediarlo. Yo creo que el problema no era que fuese vago, sino que calculaba mal el tiempo que iba a tardar en arreglarme.

Menos mal que Patri ya me conocía y seguramente se lo tomaría con calma. Total, para estar esperando… El problema es que está vez no iba a quedar sólo con Patri sino también con Marcos, su novio. No le conocía mucho, sólo le había visto un par de veces y sólo habíamos hablado de cosas transcendentales. Parecía un poco soso, pero no sé, había algo que me intrigaba, como si tuviese un secreto oculto que no podía contar.

Por fin había llegado al cine. Como me suponía Patri y Marcos ya estaban allí.

– Hola chicos, siento haber tardado tanto… Ósea más que de costumbre jajaja.

– Jajaja tranquilo, llegamos hace un par de minutos. Ya le decía yo a Marcos que antes de las 5 y media no te presentabas.

Vimos la película y dos horas y media después salimos del cine. La verdad que no me esperaba para nada la peli así. No sé, sabía que era de adolescentes y en plan de amoríos, pero también fue divertida.

– Al final estuvo bien la peli y eso que Marcos me ha tenido que sobornar con palomitas jajaja

– Pues sí, muy guay – dije mirando el móvil y agachando la cabeza. Me daban ganas de gritarlo en alto y por fin liberarme. Buff tan difícil no debe ser decirlo. A ver… me gustan los chicos. Ves… Ya está no es tan complicado. El problema es que siempre que intentaba decirlo no me salían las palabras y cambiaba de tema.

De repente vino una chica corriendo hacia nosotros con una sonrisa de oreja a oreja.

– No me lo puedo creer, ¿Patri no? Soy Estela, éramos vecinas en Zamora. Nos pasábamos todas las tardes jugando en el parque.

– Aaaah es verdad jajaja no me acordaba de ti jajaja.

– ¿Te vienes a tomar algo y nos ponemos al día?

– Vale, estos son Marcos mi novio y Juanjo un amigo.

Nos fuimos los cuatro a tomar algo a un bar. Al principio habíamos estado hablando todos, pero al cabo de un rato Patri y Estela habían empezado a hablar de los recuerdos que tenían de Zamora así que Marcos y yo nos sentimos bastante apartados y sobre todo aburridos.

Salí a tomar un poco el aire y de paso a fumarme un cigarrillo. No fumaba mucho, uno cada día o cada dos. Solamente cuando me apetecía y estaba aburrido.

– Hola – Dijo una voz detrás de mí.

– eeem ahh hola, pensé que estabas dentro, vaya susto que me has dado. – Era Marcos que había salido también.

– Es que te quería comentar una cosilla.

– Si si, dime. – ¡Qué intriga por favor!

– Que… lo de la peli.

– ¿Qué de la peli? – Madre mía que parco en palabras era.

– Que… Bueno… que se podría decir que yo sería el prota. Vamos que me van los tíos.

– ¿Quéééééé? ¿PERO QUÉ ME ESTÁS DICIENDO?

– Si Bueno, es que tenía pensado decírselo a Patri ahora que parece que se está pillando por mí. Ayer habló de presentarme a sus padres y claro…

– Pero ¿para qué cojones sales con ella? No me lo puedo creer…

– Ya ya, ya lo sé… es que mis compañeros de clase ya les estaba pareciendo raro que no saliese con ninguna chica.

– Buff pues tienes que decírselo cuanto antes.

– Ya ya, pero podías ayudarme…

– ¿Yo? A qué fin…

– Bueno porque como tú eres gay…

– Pero… ¿Cómo lo sabes?

– Me lo dijo Patri.

– Ahhh pues no sé cómo lo sabe ella, pero vamos yo no le he dicho nada.

Nos quedamos en silencio. No sé cuánto tiempo, pero a mí me pareció una eternidad…

– ¿Puedo probar algo? – Dijo Marcos

– Si… supongo

Se me acerco y me dio un beso… ¡Un besooooo! Pero bueno, este tío estaba como una cabra. Nos quedamos juntos un cacho.

– En fin… Iba siendo hora – Dijo de repente Patri. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí pero estaba claro que sabía más que nosotros.

– No entiendo nada

– Ni yo – dije apoyándome en la pared más cercana.

– A ver… llevo dos meses saliendo con Marcos para ver si por fin te liberabas.

– Aaaah vale gracias, ósea que me has estado utilizando para que este saliese del armario…  – Ahora Marcos haciéndose el ofendido.

– Tú también me estabas utilizando así que por qué no aprovechar la situación y conseguir ambos nuestros objetivos?

– Ayyy Patri, que voy a hacer contigo jajaja

Campeonato Intermundo

– Vamos Vanoco, no te quedes atrás. -dijo mi madre con cara de preocupación.

– Voy.

Nunca me habían gustado esos campeonatos. La gente solamente iba para aparentar y demostrar que su gente era la mejor, los más listos, los más rápidos o incluso los más guerreros.

No siempre se celebraba el campeonato en el mismo mundo, este año tocaba en el mío, en Vanala. Se llevaba preparando desde hacía más de 9 meses:

  1. Elegir la sede y el día.
  2. Apuntar a los participantes de los 4 mundos.
  3. Seleccionar los juegos del campeonato.

Por ser los anfitriones este año tocaba ir antes y dar la bienvenida al resto de las razas.

Los Junkitas fueron los primeros en llegar. Son de color marrón con antenas en la cabeza para localizar a las personas. Utilizan el caparazón de su tronco a modo de escudo. Los Junkitas son tan fuertes que podrían coger la vatola en la que vivo con un solo brazo. Son muy fríos y distantes, pero a la vez son muy altruistas.

Los siguientes en llegar fueron los Pateklus. Son grandes y verdes con 4 manos y 3 ojos. Tienen un aliento fétido y congelante y unas mentes brillantes que pueden anticiparse y tumbar a cualquier enemigo. Son muy feos, pero son la raza más amable y sociable de todas las convocadas en el campeonato. Siempre tienen una sonrisa en la cara y saben escuchar.

Los últimos en llegar fueron los simpáticos y timadores Piyufas. Estos utilizan sus habilidades de engaño para poder hacer negocios entre los diferentes mundos. Son amarillos con grandes pies y manos. Les encanta la naturaleza por lo que son muy buenos escaladores y nadadores.

Nosotros, los Vanalses somos muy diferentes. Somos pequeños y azules con grandes alas transparentes que nos permiten volar. Somos un poco vagos pero muy familiares. Siempre se está en familia salvo los 2 meses de vacaciones que todos los niños vamos a los Montes para realizar una convivencia y fomentar el aprendizaje cooperativo.

Ya estábamos todos, así que nos dirigimos a la sede del campeonato. Este año el campeonato se celebra en los Volcanes Valsienses. Son dos volcanes enormes e inactivos que se perforaron y se recubrieron con material ignífugo para permitir el tránsito dentro de ellos.

Una vez realizada la fiesta de apertura tocaba prepararse para el primer juego. Este consiste en subir y bajar por un árbol enorme y pulsar lo antes posible el botón de finalización del juego.

En la sala se podían ver 4 árboles con 4 personas uno de cada raza. Los Piyufas fueron los primeros en pulsar el botón gracias a sus habilidades escaladoras. Después llegamos nosotros, los Vanalses utilizando nuestras alas. A continuación, los Pateklus pulsaron el botón usando sus 4 manos para agarrarse al árbol. Y por último llegaron los Junkitas teniendo varias dificultades para escalar debido a su caparazón.

El segundo juego iba a empezar. Solamente quedaba que acabaran de colocar el botón de finalización. En esta ocasión el juego no se iba a realizar para todas las razas a la vez. Sino que serían los Piyufas los que les tocó de forma aleatoria ser los primeros a enfrentarse al juego de estrategia. Este juego consistía solamente en cruzar la sala hasta el otro lado para pulsar el botón. Dicho así podría parecer fácil pero no es así ya que aparecerían diferentes obstáculos por el camino. Primero se necesita esquivar los robots anti-intrusión que disparan bolas de pintura y son expertos en artes marciales. Los Piyufas pudieron pasar está etapa sin problema. Sin embargo, para poder pulsar el botón tenían que esquivar unos robots que se podían hacer invisibles. Está etapa no la pudieron pasar.

Los siguientes fueron los Junkitas que se marcharon con la pintura de la primera fase por lo que fueron descalificados del juego.

A continuación, los Pateklus pudieron pulsar el botón gracias a sus grandes habilidades para la lucha.

Nosotros también pudimos superar el juego, alguna ventaja tenía que haber el ser tan pequeños y poder volar. Somos escurridizos.

El tercer juego era el de astucia. Igual que en los dos anteriores también se tenía que pulsar un botón, pero en esta ocasión se tenía que cruzar un río. Los 4 concursantes de cada mundo se colocaron en la orilla del río para poder cruzarlo. La única regla que había era que se tenía que tocar en todo momento el agua del río.

Los Junkitas tiraron abajo un árbol y lo colocaron en posición horizontal simulando ser un puente. De esta forma, el concursante cruzó el río por el tronco a gatas tocando el agua con uno de sus pies.

Los Pateklus utilizaron su aliento fétido y congelante para congelar el río. Por lo que consiguieron cruzar corriendo sobre él tocando durante todo el trayecto el agua congelada.

Era el turno de los Piyufas, como se podía esperar el concursante cruzó el río a nado esquivando las difíciles corrientes que podían hacer que murieras si no eras muy buen nadador.

Por último, nosotros cruzamos el río volando sobre él estirando la pierna para poder cruzarlo.

Aunque en esta ocasión los 4 concursantes consiguieron superar el juego con éxito nosotros cruzamos el río en el menor tiempo. Por lo tanto, los resultados fueron los siguientes:

  • Junkitas: 0 juegos ganados.
  • Pateklus: 0 juegos ganados.
  • Piyufas: 2 juegos ganados.
  • Vanalses (nosotros): 1 juego ganado.

Los Piyufas, estos grandes seres amarillos consiguieron ganar el campeonato. Esto hacía que el año que viene tuviese que ver el combate con toda mi familia en Pytas. Sería la primera ocasión en la que se celebraría allí. ¿Cómo sería el mundo? ¿Cómo sería pasar una semana entre los Piyufas? Dentro de un año lo descubriré.

Más Que Amistad

El restaurante no era muy grande ni muy lujoso, pero para mí era el mejor restaurante del mundo. Por fin Jayson me había invitado a salir con él. ¡Estaba en una cita con Jayson! Todavía no me lo podía creer.

– ¿Lucía, me estás escuchando?

– Sí sí, claro. – mentí.

– ¿Qué si te apetece ir a mi casa después y jugamos a Black Stories?

– Claro. – dije temblándome la voz.

Jayson llevaba siendo mi mejor amigo desde los 3 años, me conocía demasiado bien para saber que estaba como un flan, que necesitaba relajarme. Pero no era tan fácil, llevaba tiempo esperando que me pidiese salir. Había pensado en más de una ocasión pedírselo yo a él, pero tenía miedo de estropear nuestra amistad si lo hacía. Por suerte él había sido más valiente que yo y me lo pidió.

Era mi primera cita con un chico y él lo sabía. Siempre me preguntaba la razón por la que no había estado con un chico antes y yo le decía que ninguno me había gustado, pero en realidad el que me gustaba era él.

La cena transcurrió con normalidad, hablando de las clases, de los profesores, de Ramón y su novio inglés, de Olga y su repentino interés por los deportes… La cena ya se había acabado por lo que como habíamos hablado nos dirigimos a su casa.

No estaba muy lejos del restaurante, así que pudimos ir caminando sin coger ningún medio de transporte.

– Patricia me dijo que no viene a mi fiesta de cumpleaños porque está a dieta. – Él sacando otro tema de conversación. La verdad es que sacó él todos los temas en la cena. Yo estaba demasiado nerviosa, no era capaz de relajarme.

– ¿A dieta? Pero si está super delgada. Además, ¿qué tiene que ver eso para ir o no a tu fiesta? Que vaya y que no coma si no quiere.

– Ya, eso le dije yo. Pero me dijo que no. No sé, yo creo que es una excusa, después de lo de Tiffani no ha estado muy habladora conmigo.

– Se que Tiffani es su hermana y que vosotros no acabasteis muy bien, pero erais amigos, no está bien que se rompa una amistad por amor. – Mierda, espero que pille la indirecta y que no haya sido muy directa. No podría perderle, lo necesito como amigo al menos.

– Ya…, bueno, ¿Subimos? – Ya habíamos llegado a su casa.

Entramos en su habitación como muchas otras veces habíamos ido para jugar a juegos de mesa. La verdad que en el instituto la gente decía que éramos unos infantiles por jugar a estos juegos, pero a nosotros nos daba igual, nos encantan. En esta ocasión, me pareció que la habitación era diferente, no sé, los nervios supongo.

Estuvimos jugando dos horas y cada vez estaba más relajada. Cuando me quise dar cuenta los nervios se habían ido y ya estaba disfrutando de la cita completamente.

– ¿Por qué sonríes? – ¿Se estaba riendo de mí?

– Porque se te ve contenta y relajada. Te has estado comportando muy rara durante toda la noche. Pensé que te estabas arrepintiendo de la cita.

– No no, para nada. Llevaba tiempo esperando que me lo pidieses. -ups, otra vez, ¿Por qué no sabré cerrar la boca?

– ¿Ahh sí?

No había acabado casi de decir esas palabras cuando se me acercó rápidamente y como si de una estrella fugaz se tratase me dio un beso rápido en los labios. Por fin, por fin estaba a gusto con él como llevaba deseándolo desde hacía tanto tiempo. Noté sus labios, húmedos y suaves.

– ¿Lu… Lucía? – dijo separándose de mí.

– ¿Sí? – dije deseando que pasase lo que tantas veces había soñado.

– Esto… ¿Quieres ser mi novia?

Jayson, ese chico estupendo, estudioso, guapo, simpático y mi mejor amigo quería ser mi novio ¿Cómo le iba a decir que no?

– Claro que sí. Ven aquí. – Le besé y un sentimiento invadió mi cuerpo que hizo que quisiese seguir adelante y pasar la noche con él como tantas veces había soñado.

Una Excursión Para No Olvidar

Anastasia salió corriendo de casa. Tenía tantas ganas de poder ir al campo que no vio ni las escaleras de la entrada. Llevaba semanas lloviendo y aunque salía con la familia de paseo no era lo mismo. Hoy iba a poder correr y disfrutar del campo. Además, Javi había metido una tienda así que seguramente iban a acampar. No había nada más en el mundo que le gustase más que poder sentirse libre en la naturaleza.

Dos horas después de viaje habían llegado a su destino. Anastasia estaba un poco mareada, pero en cuanto se bajaron del coche, Javi le dio un poco de agua. Como si de espinacas se tratase le hicieron recuperar todas sus fuerzas y sus ganas de jugar. Corrió por todo el prado, primero en círculos y después adentrándose en la arboleda.

Javi empezó a montar la tienda de campaña y a hinchar el colchón mientras Anastasia se tumbaba a la sombra.

Javi estaba muy cansado, necesitaba desconectar. Entre el trabajo en la fábrica y que al llegar a casa ni si quiera sus padres le hacían caso había hecho que su mentalidad envejeciese de tal forma que ya no tenía ganas ni de salir con los amigos ni de siquiera ver un partido de futbol.

Ya estaba anocheciendo y eso hacía que Anastasia no parase quita. Sin lugar a dudas ella en otra vida (si es que la hubo) hubiera sido un ave nocturno, de hecho, teniendo en cuenta el tamaño de sus ojos seguramente un búho. Su pelo no era excesivamente largo ya que Javi le había cortado un poco el pelo para que no tuviese tanto calor en el verano, aunque este año aún no hubiese llegado el buen tiempo.

Las noches en el campo son sin lugar a dudas uno de los mejores placeres que hay en la vida, o por lo menos es lo que siempre decía Javi. Poder ver las estrellas sin que ninguna luz distorsionase esa vista hacía que la mente se relajase y se pudiese estar en paz.

Cenaron lo que habían traído y se echaron en la hierba a admirar las estrellas. Al poco Anastasia se había dormido en los brazos de Javi. Solamente había paz en el ambiente hasta que se escuchó un ruido. Había sido como la puerta de un coche cerrándose.

– Voy a mirar que fue. No te muevas – Le dijo Javi a Anastasia mientras la metía en la tienda y cerraba la cremallera de la puerta.

Ella no hacía más que gritar que la dejase ir con él. También quería saber que había sido y era mejor estar los dos juntos. En las películas de miedo siempre ocurren las peores cosas cuando los protagonistas se separan.

¡¡¡¡¡¡¡¡Pum!!!!!!!!

Otro sonido. Este había sido más fuerte.

¡¡¡¡¡¡¡¡Pum!!!!!!!!

Anastasia se asustó y se metió dentro del saco. Poco a poco se fue relajando y se quedó dormida de nuevo. Al día siguiente cuando la luz ya atravesaba la tienda alguien abrió la cremallera o al menos lo intentó. Por algún motivo se había atrancado y solamente se podía abrir un poco.

– No abre. Parece que está atrancada. – Anastasia se despertó de golpe. No reconocía esa voz.

Veía una mano por el hueco que había conseguido abrir. Ella se acercó y la miró fijamente. No le sonaba de nada… ¿Dónde estaría Javi? ¿Le habría pasado algo? La angustia pudo con ella y empezó a llorar.

– No llores, no pasa nada. Enseguida te sacamos.

El desconocido cogió un cuchillo que le dio alguien y cortó la tela. Por lo menos había dos personas ahí fuera e igual el desconocido número 2 era Javi pensó Anastasia.

Por fin la había sacado de esa tienda. Ella nunca había tenido claustrofobia, pero saber que no podía salir de allí hacía que se sintiese inútil como si no sirviese para nada. Al salir de allí vio que como ella había notado se encontraban dos personas en el prado. Además, descubrió que eran policías y que estaban mirando todo como con lupa.

– Te voy a llevar a un coche. Ven – Le dijo su rescatador y la cogió en brazos.

Caminaron un rato hasta que llegaron a otro descampado. Allí vio un montón de policías investigando y muchos coches. Uno de los coches no era de la policía. Allí estaban concentrados la mayor parte de ellos (incluso los que iban vestidos de blando).

Anastasia se giró y entonces lo vio. Allí estaba el asunto, al lado del coche había dos cadáveres. Uno tenía mucha sangre en el abdomen y el otro en la cabeza. Había una pistola en el suelo cerca del cadáver con la cabeza ensangrentada. Anastasia había cerrado los ojos, no podía soportar mirar más tiempo aquel escenario. Aquella imagen no la iba poder olvidar nunca más. Javi, su Javi estaba en el suelo, muerto, sin moverse.

– ¿Qué hipótesis se barajan? – Preguntó uno de los policías al rescatador.

– Pues no se el móvil, pero parece ser que el chico que estaba en la tienda del otro prado vino y disparó a la víctima en el abdomen y luego se quitó la vida.

– Vaya…

Ellos no lo sabían, pero Anastasia tenía claro el móvil. Alguien había destrozado la paz de Javi. La que tanto había esperado y con la que había soñado. Mató de un disparo al otro chico y luego se suicidó para poder estar en paz de una vez por todas.

Anastasia quería decírselo, pero seguramente iban a ignorarla como hacía todo el mundo.

– ¿Qué hacemos con ella? – Dijo una chica mirándola fijamente y con cara de pena.

– Pues no se… A la perrera supongo.